IRPF congelado
Para trabajadores, autónomos, pensionistas y familias que quieren entender por qué la renta pesa más cada año.
En la presentación del estudio «Declaración de la Renta y Patrimonio 2025» del Consejo General de Economistas, Carmen Jover, vicepresidenta del REAF, puso nombre a una sensación muy extendida: el IRPF se ha quedado viejo. La Ley 35/2006 entró en vigor en 2007 y, casi veinte años después, no ha tenido una reforma integral. Lo que nació con una estructura clara se ha convertido en una suma de retoques, parches y excepciones: 108 artículos y otras 108 disposiciones adicionales, transitorias y finales.
El problema no es solo técnico. Es cotidiano. El mínimo personal y familiar no se actualiza desde 2015, y eso permite que la recaudación suba casi sin ruido. No porque tú seas mucho más rico, sino porque tus ingresos nominales avanzan mientras los límites fiscales siguen quietos. Es la progresividad en frío: pagar más por una mejora que muchas veces solo compensa la inflación.
Hay cifras que chirrían. El límite de 8.000 euros de renta para aplicar el mínimo por ascendientes o descendientes a cargo sigue anclado desde 2007. Si suben las pensiones o el salario mínimo, muchas familias pueden perder ese derecho aunque sigan ayudando a padres o hijos.
Lo mismo ocurre con las retribuciones en especie. La exención de 500 euros por seguro médico se queda corta frente al coste actual de las pólizas; Jover apuntó que tendría más sentido rondar los 800 euros. Las dietas de manutención tampoco se han tocado desde 2007 y el ticket restaurante de 11 euros suena, en muchas ciudades, más a recuerdo que a menú real.
También se han apagado incentivos. La declaración conjunta solo representa alrededor del 13% de las declaraciones, en parte porque su reducción no se actualiza desde 2007. Y el límite de 1.500 euros para planes de pensiones individuales ha debilitado el ahorro privado para la jubilación, mientras los planes de empresa no terminan de despegar.
La conclusión es incómoda: si el IRPF no actualiza sus magnitudes al SMI o a la inflación, acabará castigando a quien solo intenta no perder poder adquisitivo. No se trata de pagar menos por sistema, sino de pagar con reglas claras, razonables y adaptadas a la vida real.
LET’S GO
Gabi Martínez
Economista
MARTINEZ ABAD CONSULTORES

