Fiscalidad: FALLAS 2026
Lo que tu comisión no debería dejar para después de mascletà
Ser comisión fallera y ser asociación sin ánimo de lucro no significa vivir al margen de Hacienda. Ojalá bastara con cuadrar la caja, guardar cuatro tickets y confiar en la suerte, pero la realidad es menos romántica. En 2026, una falla debe llevar una contabilidad ordenada, con libro de actas, relación de socios, inventario y registros que reflejen de verdad lo que entra, lo que sale y lo que tiene. Porque cuando las cuentas se llevan “más o menos”, el problema suele llegar justo cuando menos apetece: después de fiestas y con requerimiento delante.
La duda más habitual sigue siendo la misma: “si no tenemos ánimo de lucro, ¿tenemos que presentar Impuesto sobre Sociedades?”. En muchos casos, sí. Las asociaciones falleras suelen ser entidades parcialmente exentas, lo que significa que algunas rentas pueden no tributar, pero otras sí. Las cuotas de socios suelen estar exentas, mientras que ingresos como la publicidad en el llibret, la venta de lotería, la barra del casal o el cobro de entradas pueden considerarse rentas no exentas. Y aquí está la trampa elegante del sistema: solo se libra de presentar el impuesto quien cumpla a la vez los tres requisitos legales de dispensa. Si falla uno, toca declarar.
Con el IVA ocurre algo parecido: no importa tanto que seas asociación como la actividad concreta que realizas. Vender comida, bebida, espacios publicitarios o determinados accesos puede generar obligaciones idénticas a las de cualquier actividad económica. A eso se suman otras posibles cargas formales, como retenciones por alquileres o profesionales, declaraciones informativas y la conservación correcta de facturas y justificantes. Dicho de forma sencilla: no todo ingreso tributa, pero casi todo ingreso conviene analizarlo antes de darlo exento.
La mejor prevención no se improvisa en marzo. Separar bien cuotas, donativos y ventas; conservar documentación; distinguir ingresos exentos y no exentos; y revisar a tiempo las obligaciones fiscales evita sustos, sanciones y regularizaciones caras. Una falla bien gestionada no solo planta, organiza y emociona: también demuestra que cumple. Y ahí es donde una gestión especializada marca la diferencia entre ir tranquilo… o escuchar un trueno que no viene precisamente de la mascletà.
LET’S GO
Gabi Martínez
Economista
MARTINEZ ABAD CONSULTORES

